Con el CEO no alcanza

Por Mariano Barusso | 1 de febrero, 2026

Coincido con esta perspectiva que propone este artículo de La Nación sobre el recambio de CEOs en Argentina, especialmente en sectores como salud, servicios y energía, donde la presión por transformarse es hoy más intensa.

Ahora bien, considero que el desafío adaptativo de estas empresas, en el marco del cambio de época que atravesamos, no se resuelve únicamente con el recambio del o la número uno.

Si bien este rol es determinante para definir la dirección y el ritmo que deben asumir las organizaciones, y los rasgos profesionales que la nota destaca resultan relevantes para articular resultados operativos con evolución, ambas condiciones son insuficientes.

El verdadero punto crítico está en la reconfiguración de los equipos de conducción, entendiendo que el liderazgo requerido en este contexto es esencialmente colectivo y reticular: un liderazgo cúbico. Aquí se produce el verdadero cambio de modelo y de terreno del liderazgo.

La llegada de un/a nuevo/a CEO no solo genera un reacomodamiento inevitable del equipo directivo que lo/la recibe, sino que debería ser un movimiento promovido por diseño, desde los acuerdos del Directorio con la nueva conducción y a partir de lo que el propio CEO descubra en su etapa inicial como parte de ese grupo.

La decisión de cambio o reemplazo del CEO debería contemplar explícitamente la reconfiguración consciente del equipo ejecutivo, incluso más allá de él, para asegurar la masa crítica de liderazgo que exige el nuevo ciclo. Hablo de reconfiguración en un sentido amplio: propósito, agenda, estructura y composición; en su ser y en su hacer, para multiplicar liderazgo, acelerar la transformación cultural y expandir la capacidad de aprendizaje colectivo.

La evolución de una empresa no es tarea de un personaje suprahumano, sino de redes complejas de liderazgo. En definitiva, el verdadero recambio no es el del CEO, sino el del equipo de conducción: cómo se configura, cómo conversa, cómo decide, cómo distribuye liderazgo y cómo aprende. Es ahí donde las empresas ganan o pierden velocidad de transformación y calidad de ejecución.

Esta tensión no es nueva. Cuando Moisés intentaba conducir solo, su suegro Jetró le advirtió: “No está bien lo que haces… no puedes hacerlo tú solo” (Éxodo 18). La observación sigue vigente:

Ningún líder conduce solo y ningún sistema complejo se transforma desde el CEO-centrismo.

Desde la experiencia, las conversaciones sostenidas y el trabajo de análisis en sectores como salud, petróleo y gas, y minería, hay mucho por repensar, reorientar y recrear en el terreno de los grupos de conducción. El recambio de los Gerentes Generales es una oportunidad estratégica para hacerlo.

Porque las empresas no se renuevan si sus equipos de conducción no lo hacen a una velocidad aún mayor.