Tuve que correrme de la preocupación inicial de no caer en un lugar común para escribir algo en memoria de Nelson Mandela, y conectarme con la fuente de inspiración que siempre representó para mí y la cercanía que me dí cuenta que sentía de él en el momento mismo de su partida. Aunque soy un convencido de que el liderazgo de un país o de una organización es el proceso de muchos, también creo en la enorme diferencia que algunas personas generan en esos procesos colectivos.

Con la pérdida física de Mandela siento que la humanidad perdió a un hombre libre entre los libres, a un líder libertario entre los pocos líderes libertarios de su estatura y a un verdadero estadista que trascendió con su acción a su amado país, para dejarnos un legado enorme, de alcance mundial y atemporal. Como tiene que ser cuando se van personas grandes, su muerte revela la magnitud de ese legado.

Si ser legitimado como un gran líder implica tener un sueño inclusivo y luchar para que sea realidad, actuar con generosidad y coraje para mejorar las vidas de otros y contar con la madurez y la altura moral para no correrse ni un milímetro del noble sendero, Mandela nos dejó una huella, un camino y una guía tremendamente valiosas. ¡Chapeau querido Tata!, lo vamos a extrañar en parte, porque lo más importante de usted vive en nosotros. Ojalá sepamos cultivar su huerto en su ausencia. Hasta pronto.

Recomiendo visitar una bella historia fotográfica publicada por National Geographic. También la Fundación Nelson Mandela y Nelson Mandela en Wikipedia.

“En África existe el concepto conocido como ‘ubuntu’, que encierra el profundo sentido de que somos humanos solo a través de la humanidad de otros; de que si conseguimos cualquier cosa en este mundo, se deberá en igual medida al trabajo y a los logros de otros” – Nelson Mandela (2008)