Esta semana, Mariano Qualeta me envió un correo titulado “Tenés que ver y escuchar esto”, el cual abrí inmediatamente a sabiendas de que cuando Mariano escribe así, siempre viene algo rico sobre lo cual conversaremos luego… cosa que hicimos a los pocos minutos. Más allá del deleite que nos generó esta breve muestra del enorme talento de Joey Alexander, nos lanzamos a compartir ideas con relación al inagotable potencial humano, un tema central para nosotros y una de nuestras prácticas profesionales.

Lo que este talentoso niño nos transmitió es que desplegar nuestro potencial implica una labor -como mínimo- en dos carriles: por un lado, el trabajo constante para dotar a nuestra pasión de maestría y, por otro lado, el contar con la suficiente sensibilidad para preservar la capacidad lúdica del niño que todos somos en algún lugar de nuestro ser… mantener inmune el misterio de nuestro talento original de las barreras sociales y profesionales que van encorsetando poco a poco esa capacidad creadora que nos hace humanos. Chuck Israels expresa está maravillosa confluencia cuando concluye que “Nada está tan bien preparado como una performance “espontánea”.

Es que el desarrollo de nuestro potencial requiere más de diluir nuestras restricciones internas que de incorporar nuevos conocimientos “valiosos” del afuera. En realidad, el conocimiento más valioso en el que debemos anclarnos es: en qué somos muy buenos, cómo es que lo desplegamos de manera virtuosa cuando no nos damos cuenta y cómo podemos complementarlo con las capacidades de los demás para crear, aún en las pequeñas cosas, algo superior.

Si a la vez, tenemos la fortuna de que quienes nos lideran, nos guían o nos aconsejan (pienso en los padres y mentores de Joey, que seguramente lo han estimulado en su senda), priorizan desde su rol que el potencial sea siempre cultivado, nos acostumbraremos a presenciar con frecuencia como el desempeño individual y colectivo se expanden exponencialmente, brindando el placer que surge de ejecutar con maestría aquella tarea para la que nos hemos preparado.

¡Gracias Joey por su estímulo y tu obra!