El liderazgo que el RIGI no puede comprar

Mariano Barusso | 30 de septiembre, 2026

En síntesis. Este artículo nace de una primera ronda de dieciocho conversaciones con ejecutivos, owners y referentes de operadoras, empresas de servicios y contratistas de petróleo, gas, energía y minería en Argentina, y de su cruce con evidencia pública e internacional. Me propongo compartir una mirada integrada de lo que surgió, que pueda contribuir a priorizar el desarrollo de esta capacidad central, escasa a nivel país, determinante de la realización de una parte importante del potencial proyectado de crecimiento.

Cerca de USD 210.000 millones. Eso suma hoy el RIGI entre proyectos aprobados (unos USD 49.766 millones) y proyectos en evaluación (USD 159.713 millones), casi todos de energía y minería, entre cobre, litio, GNL y petróleo convencional y no convencional. A esa cartera se agrega el crecimiento renovable, que corre por otro carril, el de los contratos privados de abastecimiento con grandes usuarios, entre ellos la propia minería y la industria del petróleo y el gas, y que suma más proyectos a la misma demanda de conducción. Si una parte relevante de todo eso se concreta en los próximos años, las organizaciones que lo ejecuten van a tener que operar a una escala que el país nunca les pidió.

Este año publicamos en Asertys Acelerar el desarrollo del nuevo liderazgo, un ebook sobre cómo trascender un modelo de liderazgo y conducción limitado y limitante para lo que el presente exige; allí el motor es el cambio de época. En petróleo, gas, energía y minería, la misma necesidad llega empujada por algo más específico y más urgente, que es un crecimiento acelerado con exigencias de rendimiento y retorno que buscan los inversores, que necesita toda la Argentina y que mira el mundo entero. Ese crecimiento ya tensiona la infraestructura del país y, como parte de esa plataforma, deja a la vista limitaciones actuales y futuras en talento, liderazgo y modelos de conducción, en cada compañía y en cada sector.

Quienes conducen estos negocios describen el momento como una ventana sin precedentes, con seguridad jurídica, estabilidad fiscal y apetito inversor conviviendo por primera vez en mucho tiempo. Con la misma insistencia señalan lo que condiciona su aprovechamiento:

  • La infraestructura es insuficiente y buena parte de su costo recae en las propias empresas, que terminan asumiendo funciones que en otros países cubre el Estado.
  • Los organismos reguladores no siempre tienen la visión de conjunto para acompañar el ritmo, y las compañías se ven obligadas a traducir la escala del negocio hacia el sector público.
  • Respecto a la educación de grado, describen que una buena parte de la currícula universitaria como todavía desconectada de la demanda real, y en minería muchos proyectos dependen, además, de decisiones de socios o gobiernos extranjeros.
  • A esto se suma un riesgo de calendario que varios mencionaron por separado, porque si dos o más proyectos de gran escala avanzan al mismo tiempo, la demanda simultánea de personas, infraestructura y proveedores puede generar cuellos de botella severos, incluso para compañías con experiencia internacional.

    De hecho, ya hay casos concretos de esa simultaneidad. En el Golfo San Matías, Argentina LNG y Southern Energy van a competir por mano de obra calificada, logística y proveedores de la misma cuenca de población, con Argentina LNG proyectando un pico de 40.000 trabajadores hacia 2029 y Southern Energy recibiendo su primer buque a mediados de 2027; los analistas le ponen fecha límite: la región tiene hasta 2027-2028 para construir la capacidad de proveedores que van a necesitar dos proyectos de GNL a la vez, no uno. En San Juan pasa algo parecido con Josemaría y Filo del Sol, cuyo desarrollo se superpone en el tiempo: juntos van a demandar entre 10.000 y 12.000 trabajadores en el pico de construcción, sobre una base de proveedores y población mucho más chica que la de Vaca Muerta.

Cada uno de estos condicionantes le pide a la conducción algo que excede lo estrictamente operativo, y el desafío de talento en particular, puede ser un freno al calendario y las expectativas asociadas a esos tiempos.

Por todo esto, entre agosto y septiembre de 2026 conversé con ejecutivos, owners y referentes de operadoras, empresas de servicios y contratistas de estos sectores, sin agenda comercial, alrededor de una pregunta general, que era cómo se está preparando el liderazgo de estas compañías para la escala que el negocio va a demandar. Aunque desde Asertys tenemos puntos de vista formados por años de trabajo en estos sectores, me propuse escuchar para aprender, si poniendo algunas hipótesis sobre la mesa.

Las dieciocho conversaciones mantenidas conforman la primera de una serie de rondas uno a uno que vamos a expandir hacia delante con nuevos interlocutores, y en todas encontré sintonía con estas preguntas, así como ganas de pensarlas en voz alta y sin urgencias.

Una brecha de liderazgo que se nombra de muchas maneras

A lo largo de las conversaciones apareció, una y otra vez, la misma tensión de fondo: las compañías de estos sectores están promoviendo personas a roles de conducción más rápido de lo que esas personas pueden desarrollar la capacidad de ejercerlos, y esa distancia se ensancha a medida que los proyectos aceleran.

Conviene leerla junto con un reconocimiento que también escuché, porque aún en las compañías que sienten que la operación de hoy está razonablemente bien conducida –con equipos que cumplen y líderes que sostienen una complejidad enorme con oficio y responsabilidad–, la inquietud aparece cuando la mirada se corre hacia adelante, y ese futuro, en la mayoría de los casos, está muy cerca.

En las compañías con prácticas de desarrollo de liderazgo menos maduras, esa inquietud se expresó como franca preocupación respecto de sus posibilidades de acoplarse bien y a tiempo en este tren.


Tengo gente de empuje, de gestión de capataz, de látigo. No tengo gestión profesional, y eso es lo que se va a necesitar.

Cada interlocutor nombró esa tensión a su manera. Desde las áreas de desarrollo organizacional se habla de un liderazgo que pierde vigencia frente a requerimientos nuevos y crecientes y, en algunos casos, de un liderazgo francamente desactualizado, no listo para lo que está pasando y lo que deben impulsar. En los mandos medios y las gerencias aparece como un descalce del rol, porque el trabajo de conducción crece en novedad y complejidad más rápido de lo que se actualiza la comprensión de lo que ese lugar exige o, como lo resumió alguien, «no ven aún qué es lo diferente que la realidad les pide liderar». Los ejecutivos de operaciones describen el síntoma sin usar la palabra liderazgo, y hablan del trabajo como un conjunto de responsabilidades, que muchas veces no están vinculadas a la idea de liderazgo como servicio, como contribución al trabajo de otros. Finalmente, en los comités ejecutivos y entre los accionistas, donde el desafío se entiende sin traducción, se la llama directamente brecha de liderazgo, la diferencia entre los líderes que la organización tiene y los que va a necesitar, en calidad y también en cantidad.

La mayoría coincide en que se está quedando corta la figura técnicamente sólida, centrada en una agenda funcional y de especialista, formada en una época en la que conducir era sobre todo ejecutar. Conviene dimensionar el peso de esa figura para quien conoce menos estos sectores, porque en la actividad extractiva producir con eficiencia en condiciones muy duras es parte de la identidad de quien conduce, y nadie lo pone en discusión. Esos rasgos siguen siendo necesarios, pero lo que cambió es que ya resultan insuficientes para liderar el crecimiento, la maduración y la efectividad de operaciones nuevas, cada vez más diversas en sus dotaciones y más implicadas con sus entornos.


Antes una estrategia de crecimiento la desarrollabas en diez años, en cinco como agresivo; hoy pasamos todos a transformarnos en una startup.

¿Hacia dónde va, entonces, el liderazgo? Mis interlocutores lo describieron con imágenes concretas de lo que el rol ya les pide, mucho más cercanas a la experiencia que a un perfil conceptual. Uno habló de «liderazgo social», pensando en el jefe de campo como primer interlocutor frente a un intendente o a un reclamo en la puerta del yacimiento, mucho antes de que intervenga el área de Comunicación. Otro describió el rol como el de un bróker, alguien que media entre la comunidad, el gobierno, su propio equipo y un socio con una cultura distinta. Varios coincidieron, con palabras casi idénticas, en entender el trabajo, y el liderazgo mismo, como un servicio que contribuye al trabajo de otros, donde queda en evidencia que la especialización no lo asegura. El perfil que emerge da por supuesta la solidez técnica, la responsabilidad por personas y activos, y los imperativos de resultados, pero le suma capacidad de influencia múltiple, criterio organizacional y anticipación aun con incertidumbre, rasgos que hasta hace poco no figuraban en la descripción de la posición.

De dónde viene y hacia dónde va el rol

El perfil que sostiene
la operación de hoy
El perfil que pide
el próximo salto de escala
Técnicamente sólido, formado en la ejecución→Solidez técnica, que ya no alcanza por sí sola
Agenda funcional: volumen, calidad, costo, seguridad→Agenda ampliada: se suman sostenibilidad, comunidad, sindicatos, gobiernos locales y socios con otra cultura de negocio
El trabajo como tarea que se ejecuta→El trabajo, y el liderazgo mismo, como servicio al trabajo de otros
Reacciona frente al conflicto cuando aparece→Anticipa: prepara el terreno antes de que el conflicto estalle
Gestiona al equipo propio→Integra otras áreas y media con actores externos: comunidad, gobierno, socios

Cómo describieron nuestros interlocutores el movimiento del rol de conducción.

Dar el salto hacia a ese perfil requerido pide dos movimientos a la vez. Uno es acompañar la evolución de quienes ocupan roles de liderazgo operativos y tácticos hacia ese nuevo rol. El otro es de otra naturaleza, y consiste en elevar la capacidad de la estructura, el sistema de liderazgo en su conjunto, para que pueda sostener decisiones en muchos niveles a la vez sin depender del talento de las pocas personas que hoy cargan con ella. Es la consecuencia directa del aumento de complejidad que trae el propio crecimiento. Sumar personas, capacitación y tecnología no alcanza si no se integra de otra manera a la red de liderazgo y al sistema de conducción.


Hoy somos casi líderes sociales; la gente te escribe por WhatsApp por cosas que no tienen nada que ver con el trabajo.

Es decir, la brecha es tanto de talentos individuales como de capacidad estructural. Confirmé nuevamente, sin ir a buscarlo, la tesis central del ebook, que entiende el liderazgo como una capacidad organizacional central, donde la estructura, el modelo de conducción y el sistema de gobernanza pesan al menos tanto como el desarrollo del talento individual.

Veámoslo desde la perspectiva de la capa de supervisión: la respuesta más habitual de la industria a la complejidad ha sido sumar supervisión. En la gran minería chilena, según el Estudio de Fuerza Laboral de CCM-Eleva, la cantidad de personas por supervisor bajó de 11 en 2011 a 9,1 en 2022, justo en el período en que la digitalización operativa empezó a pedirle a cada operador más criterio propio. Más supervisión no reemplaza ese criterio.

Cómo se forma en la primera línea, y quién lo forma, es una pregunta de conducción de personas, aunque hoy suela discutirse como un asunto de eficiencia tecnológica.

No encontré datos comparables para la Argentina, pero lo que vemos en el terreno sugiere que aquí cada supervisor tiene a cargo más personas y que la tecnología llega menos al nivel del operador. Si es así, la primera línea argentina está en una posición más exigente, porque cada supervisor cubre más gente, con menos información en tiempo real, y el criterio de cada operador pesa más. Lo que en Chile se compensó en parte con más supervisión, aquí depende todavía más de la calidad del liderazgo de primera línea.


Antes era una escalerita: un año, dos años, andaba más o menos bien: supervisor. Hoy es un ascensor.

La idea de la capacidad como condición de la estructura, más allá de los individuos, apareció con nitidez y dicha de distintas maneras. Algunos hablaron de la necesidad de empoderar y de subir el techo de todos los que ocupan roles de conducción. Otros, de la cobertura de ciertos niveles intermedios, que suelen ser los más exigidos, o de la dificultad de coordinación horizontal, interna y externa. Varios, de la necesidad no resuelta de acciones transversales de transformación, difíciles de impulsar y sostener desde cada área funcional, sea operativa o corporativa, si no hay una asignación clara y bien situada de responsabilidad y recursos para tal fin: algo que recae en la agenda de los grupos de conducción y de las áreas enfocadas en el desarrollo organizacional (en un sentido amplio: CRHOs, CTOs, CDOs).

Un riesgo que se comparte, aunque se compita

El desafío de contar con la masa crítica de liderazgo necesaria, y de desarrollarla, excede a cada compañía y se juega en los ecosistemas sectoriales. El talento que capta el no convencional «desviste» al convencional, justo cuando sus nuevos dueños, que apostaron a rentabilizar esos activos maduros, le exigen altos niveles de profesionalismo para producción terciaria. En minería, el ecosistema es todavía inmaduro frente a lo que los proyectos aprobados ya demandan, en un ambiente donde los actores no acostumbran colaborar; y como el mercado es global, la competencia real se da por las personas, la infraestructura y los proveedores locales, lo que erosiona la eficiencia colectiva del sector.

A esto se suma una lectura propia, surgida de seguir la mayoría de los paneles y conferencias del Supplier Day 2026 de EconoJournal, según la cual las operadoras les exigen a sus proveedores un nivel de efectividad muy distante de sus capacidades, de sus prácticas de desarrollo y de las espaldas con que cuentan para sostenerlo.

Es el punto que exploramos con Gustavo Mas (Pecom) en el episodio sobre modelos colaborativos de Conversaciones Improbables, donde quedó claro que la relación entre operadoras y contratistas se sigue gestionando como una transacción cuando, en los hechos, es una relación que dura años. En un contexto de escasez de proveedores calificados, ese desajuste destruye valor para ambas partes, y lo que hay que cambiar empieza por la intención estratégica de la conducción y recién después llega al contrato. Si una parte relevante del problema es de ecosistema, una parte de la respuesta también tendrá que serlo.

Al cruzar estas conversaciones con evidencia externa, encontré la confirmación de que las empresas del sector comparten riesgos estructurales con sus competidores, incluso mientras compiten con ellos por el mismo talento. El Global Energy Talent Index 2026 pone en cifras una parte de lo que escuché. En la energía tradicional, el 48% de la fuerza laboral global tiene 45 años o más, y solo un tercio de los responsables de contratación recluta activamente egresados para preparar el recambio. El punto de partida argentino es, además, más frágil que el de otros países con los que compite por inversiones. Según el Centro de Estudios de la Educación Argentina de la Universidad de Belgrano, en 2023 el país tuvo 31 graduados universitarios cada 10.000 habitantes, contra 57 en Chile y 64 en Brasil. Cuando cada empresa sale a captar talento ya formado y nadie amplía la base disponible, el sector entero queda atrapado en un juego de suma cero. Y los resultados de las últimas pruebas PISA de la Argentina vuelven el panorama todavía más inquietante.

Esto confronta a las empresas en general, y a sus modelos y sistemas de liderazgo en particular, con la pregunta de cómo van a desarrollar, con la velocidad requerida, el talento «no listo» que inevitablemente están incorporando, y con qué propuesta van a retener a personas de nuevas generaciones cuyas expectativas de crecimiento y permanencia son tan diferentes.

Desde otra perspectiva, los propios datos de la industria minera ponen sobre la mesa una salida que no surgió de manera espontánea en las entrevistas. En la minería argentina, la participación femenina pasó de 8,6% a 12,7% entre 2020 y 2025, según WIM Argentina. Avanza, aunque sigue siendo baja, y convive con un sistema de turnos rotativos (roster) que, según el 43% de las trabajadoras con personas a cargo, hace inviable sostener una carrera. Para industrias que compiten por un talento cada vez más escaso, integrar a más mujeres es una de las pocas maneras de ampliar la base sin quitarle profesionales a nadie. Es una necesidad real que todavía no entró en la agenda de conducción de estas organizaciones en términos de oportunidad de escala.

Todo esto supone un cambio significativo en la mentalidad, las prácticas y las capacidades de liderazgo necesarias para conducir el poliducto del talento, sin considerar aquí, por razones de extensión, los desafíos de formación de líderes y referentes de las comunidades locales, que se integran a la vida de estos proyectos, tanto por oportunidad como por regulación.

Por último, conviene decirlo sin rodeos: el problema de talento para liderar es más grande de lo que parece a primera vista, porque captar y desarrollar resuelve solo una parte. La otra exige reconocer que algunas de las personas que hoy ocupan posiciones de conducción no van a poder adaptarse al ritmo y a la magnitud de este salto, y eso obliga a planificar también el recambio (a quiénes, cuándo y cómo), cuidando a las personas y la continuidad de la operación.

Algunas organizaciones ya lo están evaluando o llevando adelante, y más de uno de mis interlocutores lo dijo con todas las letras al afirmar que el desarrollo, solo, no alcanza. Cualquier lector con experiencia en transformaciones de magnitud sabe también que así es.

Liderazgo, desempeño y gestión del riesgo, un mismo hilo

Una idea que surgió con fuerza en más de una conversación es que entender el problema intelectualmente rara vez alcanza para movilizar un cambio real, más aún si no se puede ver la conexión con el desempeño del negocio.

Generalmente, las brechas de liderazgo ni siquiera se nombran de manera directa; lo que se reconoce, y lo que moviliza, es el dolor concreto en términos de rendimiento, de riesgos y de crisis, que son los términos que en estos sectores verdaderamente importan.

Por eso la salud operacional, entendida como efectividad, eficiencia, continuidad y alistamiento, fue el argumento que más entrevistados trajeron cuando les pregunté por las oportunidades y los riesgos de invertir en estas capacidades. La relación entre liderazgo, desempeño y riesgo aparece con mayor o menor claridad cuando se hacen las preguntas correctas, y lleva la discusión a un terreno bastante más concreto que el de la cultura o el liderazgo en abstracto.

Un liderazgo que no puede operar con cierto equilibrio en el nivel de complejidad que debe resolver tiene efectos directos sobre la operación, sobre los costos y sobre la exposición de la compañía frente a su entorno.

Del síntoma a la consecuencia de negocio

Síntoma que nos describieronConsecuencia de negocio
Mandos medios que no logran sostener la complejidad de la operación→Pérdida de eficiencia, discontinuidad operativa, reducción del plan de producción
Desvíos que el nivel gerencial no ve venir a tiempo→Sobrecostos por reprocesos, presupuesto que no se ejecuta como se planificó
Falta de preparación para responder en el momento frente a una comunidad o una autoridad local→Exposición reputacional y legal inmediata
Talento crítico que se va a otro actor del mismo ecosistema→Discontinuidad de proyectos, pérdida de conocimiento acumulado, costo de reemplazo

Cuando el liderazgo se lee en el lenguaje del negocio.

En los tres sectores (convencional, no convencional y minería), «eficiencia» es la palabra que más se repite, casi sagrada. Con los niveles de inversión y las expectativas de rendimiento que hoy tienen estos negocios, esa eficiencia deja de ser un resultado esperable sin una capacidad de conducción a la altura. De ahí una conclusión que varios interlocutores compartieron con matices distintos, según la cual cualquier inversión en desarrollar esa capacidad tiene que estar explícitamente vinculada al desempeño y a la gestión del riesgo operativo, en lugar de presentarse como una iniciativa de cultura aparte.

En los tres sectores (convencional, no convencional y minería), «eficiencia» es la palabra que más se repite, casi sagrada.

La investigación internacional respalda esa mentalidad. El metaanálisis más amplio disponible, el que Gallup actualizó en 2024 con datos de más de 180.000 equipos, muestra que los equipos con mayor compromiso registran un 63% menos de incidentes de seguridad que los de menor compromiso, además de mejor productividad y rentabilidad. La misma línea de investigación estima que alrededor del 70% de la variación en el compromiso de un equipo se explica por quién lo conduce.

La calidad de la conducción directa se traduce en mejores condiciones para el logro de los resultados. Por eso, en estos sectores, hablar de liderazgo es hablar de desempeño, crecimiento, salud operacional y gestión de riesgos. El desafío es conectarlo bien de entrada y mejorar las mediciones que correlacionen el desarrollo del liderazgo con esos resultados. Es un desafío que también abordamos en el ebook.

Puntos de partida que ya existen

Una idea que llevé a contrastar en estas conversaciones fue la posibilidad de impulsar el desarrollo de liderazgo de manera compartida entre varias empresas de un mismo territorio, en lugar de que cada una arme el suyo por separado. Afuera tiene antecedentes concretos. Enterprise Leadership in Mining, desarrollado en conjunto por Melbourne Business School y AusIMM, reúne en una misma cohorte a profesionales de compañías mineras que compiten entre sí, con participantes de Australia, Canadá, África, Latinoamérica y Asia-Pacífico, y registra niveles de satisfacción superiores al 95%.

En el ecosistema argentino la voluntad existe, pero del lado técnico. El Instituto Vaca Muerta, impulsado por YPF y al que se sumaron otras operadoras como TotalEnergies, Pluspetrol y Vista, forma operarios para el no convencional, y es la prueba de que empresas que compiten pueden invertir juntas en capacidades. Y Redes de Valor, la mesa de desarrollo que YPF, Tecpetrol y Shell lanzaron en 2024 para fortalecer a sus proveedores, ya construyó una gobernanza entre operadoras.

Lo que no encontré es una iniciativa equivalente en liderazgo, compartida entre empresas y no mediada por cámaras. Los puntos de partida ya existen y la oportunidad parece «racionalmente» clara, aunque no puedo asegurar que las voluntades para este tipo de inversiones conjuntas estén maduras y alineadas. El obstáculo es menos el costo que el desafío de integración que implica, en sectores poco acostumbrados a colaborar.

Conclusiones iniciales y nuevas preguntas

Todo esto es un primer corte, hecho de dieciocho conversaciones en un momento puntual y cruzado con evidencia pública donde la había. Con esa salvedad, me animo a seis conclusiones iniciales.

1. La brecha de liderazgo es, sobre todo, cualitativa. El próximo salto de escala pide una capacidad de conducción distinta, que exige un desarrollo más acelerado y también la evolución de la agenda formal y de los sistemas de conducción. Sumar personas, capacitación o tecnología no alcanza para construirla, aunque en los roles operativos y tácticos también falta gente.

2. Empoderar requiere subirle el nivel a toda la estructura. Ligado a lo anterior, el nivel intermedio entre la operación y la gerencia corporativa es, en muchas organizaciones, el más exigido y sobrecargado, además de ser central para la continuidad operativa. Si este nivel no es fortalecido y acompañado, el nivel de toda la estructura queda por debajo de la complejidad en curso.

3. Desarrollo sí, pero con recambio. Además de captar y desarrollar, va a haber que gestionar un recambio de liderazgo, con cuidado y con criterio.

4. El desarrollo tiene que estar evidenciado por el desempeño. Quienes conducen estas organizaciones lo leen en términos de salud operacional, costos, continuidad y seguridad, y la evidencia disponible acompaña esa lectura. Hacer bien esa conexión depende de todos los implicados en el proceso de desarrollo, incluidos los líderes operativos.

5. Es un riesgo ecosistémico. Operadoras, contratistas y proveedores compiten por el mismo talento escaso y con un modelo transaccional que es ganar-perder. Si todos salen a captar lo ya formado, nadie amplía la base, y ninguna empresa puede resolverlo sola.

6. Los puntos de partida para colaborar existen. Hay experiencias de inversión conjunta en capacidades técnicas y de gobernanza entre operadoras. Falta llevarlas al liderazgo.

Para quien conduce una de estas organizaciones, lo que escuché deja algunas preguntas para llevar al propio comité. ¿Cuánto de nuestro plan de inversión asume, sin decirlo, una capacidad de conducción intermedia que hoy no tenemos? Si tuviéramos que nombrar hoy quién va a conducir la organización dentro de cinco años, ¿esas personas ya están identificadas y en desarrollo, o estamos apostando a encontrarlas afuera? ¿Quién tiene, en los hechos, el mandato de revisar si nuestro modelo de conducción sigue sirviendo a la escala que estamos persiguiendo?

Esta aproximación deja también preguntas abiertas a propósito, que voy a llevar a las próximas rondas con otras compañías y referentes de estos sectores. ¿Hasta qué punto este nuevo ciclo de inversión y escala ya está generando nuevas exigencias de liderazgo puertas adentro? ¿Qué le va a pedir la automatización, y la inteligencia artificial en particular, a quienes conducen equipos en la operación? Esta última no surgió de manera espontánea, y prefiero seguir explorándola antes de afirmar nada.

¿Cómo se forma el criterio de la primera línea si, como percibimos en la Argentina, cada supervisor tiene más gente a cargo y menos tecnología a su alcance? ¿Qué forma debería tener un desarrollo de liderazgo compartido para que empresas que compiten entre sí quieran sostenerlo, y quién debería convocarlo? Y si el desafío viaja con la escala a lo largo de toda la cadena de valor, con operadoras, contratistas, proveedores y empresas de servicios, ¿qué forma debería tener la colaboración entre todos ellos para construir una parte de la respuesta en conjunto?

Mientras tanto, en Asertys estamos desarrollando y poniendo a prueba, junto con algunas organizaciones de estos sectores, una respuesta específica a lo que surgió en esta ronda. Vamos a contar más cuando tengamos evidencia propia para compartir.

Voy a seguir conversando con quienes conducen estos sectores. Si esto se parece a lo que estás viendo en tu organización, la invitación a sumar tu mirada queda abierta.

Asertys,2026 / © 2609297157336. Todos los derechos reservados.

Fuentes:

Asertys, Acelerar el desarrollo del nuevo liderazgo (ebook, 2026).

La Nación, “Cobre, litio, petróleo y gas: cómo se reparten los casi US$50.000 millones de inversiones aprobadas en el RIGI” (18 de septiembre de 2026).

El Cronista, “El RIGI ya tiene su primer proyecto en operación: es el parque solar más grande del país” (mayo de 2026).

EconoJournal, Supplier Day 2026 (Buenos Aires, 11 de agosto de 2026).

Asertys, Conversaciones Improbables, episodio “Modelos colaborativos en O&G y minería”, con Gustavo Mas (2026).

Airswift y Energy Jobline, Global Energy Talent Index (GETI) 2026, capítulo Energía Tradicional, vía World Oil (4 de febrero de 2026).

Centro de Estudios de la Educación Argentina, Universidad de Belgrano (febrero de 2026), vía La Nación, “Más estudiantes, menos graduados…” (13 de marzo de 2026).

OCDE, PISA 2025, resultados publicados el 8 de septiembre de 2026.

WIM Argentina, Informe de gestión 2025, vía Ámbito, “La minería avanza en inclusión, pero el desafío de género sigue abierto: solo 12,7% son mujeres” (diciembre de 2025).

Gallup, The Relationship Between Engagement at Work and Organizational Outcomes: Q12 Meta-Analysis, 11.ª edición (mayo de 2024); Gallup, State of the Global Workplace.

CCM-Eleva y Fundación Chile, Estudio de Fuerza Laboral de la Gran Minería Chilena 2023-2032 (diciembre de 2023).

Melbourne Business School y AusIMM, Enterprise Leadership in Mining (sitio del programa, consultado en septiembre de 2026).

Minuto Neuquén (febrero de 2026) y LCR (enero de 2026), sobre el Instituto Vaca Muerta; NoticiasNQN (octubre de 2024), sobre Redes de Valor.